Las víctimas de las armas químicas

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(Artículo del: Colectivo Antimilitarista Utopía Contagiosa)

Las armas químicas no son una novedad. De hecho en el siglo pasado fueron usadas por diversos ejércitos, incluido el español, en diferentes contiendas. Ahora están prohibidas a tenor de una convención de la ONU de 1993 que, aparentemente, cumplen todos los firmantes de dicho acuerdo, aunque se sabe que existen armas de este tipo e investigación sobre ella en casi todos los países, lo que incluye los experimentos que hace España en el complejo militar del Instituto Tecnológico de la Marañosa en Getafe, dependiente de la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa.
  En concreto, el área de defensa NBQR:

Investiga y desarrolla nuevos procedimientos de ensayo para la defensa, vigilancia y protección contra agentes considerados de alto riesgo. Así mismo realiza la caracterización de materiales energéticos (pólvoras, explosivos, combustibles) y de materiales especiales, como textiles inteligentes, plásticos, vidrios o cerámicas, entre otros.

En esta área cabe destacar la acreditación del LAVEMA (Laboratorio de Verificación de ‘La Marañosa’) como uno de los 16 laboratorios que en todo el mundo ha designado la OPAQ (Organización para la Prohibición de Armas Químicas) dependiente de la ONU para inspeccionar y detectar de forma “inequívoca” la presencia de armas químicas.

El poder maléfico de este armamento, lo conoce muy bien EE.UU, que fabricó y  lanzó el llamado “agente naranja” sobre la población de Vietnam. ¿Será por eso, porque saben lo devastador que es provocar un genocidio descomunal como el que ellos mismos provocaron, por lo que ahora sienten tanta preocupación por el gas sarin que al parecer se ha lanado en Siria?

Hace más de 40 años, Estados Unidos lanzo agente naranja (por cierto, fabricado por Monsanto para la ocasión) sobre las poblaciones, los ríos, las selvas de una amplia zona del sudeste asiático, dentro de la guerra que libró en Vietnam.

El agente naranja sigue provocando a día de hoy en aquella región efectos nefastos, sin que nadie se escandalice lo más mínimo ni haya reclamado a Estados Unidos por el uso de este agente genocida o, al menos, exigido reparaciones.

Según denuncian organizaciones de derechos humanos de la región concernida

El “agente naranja” contiene una toxina llamada TCDD que se ha mantenido en el medio ambiente y la cadena alimentaria durante años y provoca que cada año nazcan miles de niños con malformaciones en el país del Sudeste Asiático. Cruz Roja calcula que hay unos 150.000 niños vietnamitas aquejados de malformaciones congénitas relacionadas con el “agente naranja”.

Como se ve, las armas químicas extienden los efectos de las guerras muchos años (más de 40) más allá del fin de los conflictos e hipotecan los derechos de las generaciones futuras.

Pero ¿y las armas convencionales? ¿Son más legítimas?

Volvamos al caso de EE.UU, ya que estamos en él, para recordar que durante la larga secuencia de su intervención hace más de 40 años en Camboya y Vietnam, arrojaron sobre el territorio de Camboya poco más de 2.750.000 toneladas de bombas, cifra superior a las bombas lanzadas por los aliados en toda la segunda guerra mundial y tanto en Europa, como norte de África y Asia, y otros casi 8 millones de toneladas en Vietnam, bombas que en gran parte no han detonado ni han sido limpiadas.

Estas bombas no detonadas nos siguen dando sorpresas desagradables.

 A día de hoy las consecuencias del conflicto continúan materializandose en muertes de civiles: al menos 500 personas murieron o resultaron gravemente heridas en Vietnam, Camboya y Laos por culpa de las detonaciones de bombas y minas que quedaron desperdigadas por la zona.

Y también

Según el Gobierno vietnamita, esas bombas que quedaron en su territorio han matado o herido de gravedad a más de cien mil personas desde que la guerra acabó definitivamente en 1975, aunque es probable que la cifra sea más alta, ya que muchas víctimas nunca llegan a quedar registradas en los archivos.

Otra hipoteca para los derechos humanos de las generaciones futuras, lo cual no parece muy de agradecer a la maquinaria bélica de EE.UU en este caso o a cualquier otra en las restantes cientos de guerras que hemos padecido desde entonces.

¿Alguien ha asumido las responsabilidades de estas atrocidades? No lo parece, si tenemos en cuenta que anualmente se fabrican más de dos millones de bombas nuevas y que el gasto militar mundial se ha incrementado considerablemente desde aquellas fechas a la actualidad, restando posibilidades de inversión en justicia a los pueblos del mundo.

Ya ven, la guerra y su preparación atenta no sólo contra nuestros derechos y nuestra seguridad, arruinan al planeta y su diversidad, benefician únicamente a los ricos y poderosos, pero también agreden los derechos de las generaciones futuras, y siempre se van de rositas los que las propician y atizan.

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