25 años de INSUMISIÓN. Seguimos desobedeciendo.

unnamedEste Jueves se cumplen 25 años de quizá la más exitosa de las luchas de desobediencia civil que han tenido lugar en España  en el último siglo. Fue un 20 de Febrero de 1989 cuando varios jóvenes en distintos puntos de España se presentaron para hacer frente a al servicio militar obligatorio, popularmente llamada MILI,  y al servicio social sustitutorio. Como dicen algunos insumisos fue una “locura maravillosa” la de plantar cara a una institución como la militar para eliminar uno de sus pilares de dominación de más de 200 años de historia como era la mili. No solo fue una maravillosa locura sino una utopía que fue contagiándose hasta hacerse realidad.Esta lucha social noviolenta fue una confrontación evidentemente muy desigual. Por un lado estaba una ciudadanía, representada en un inicio por los jóvenes varones que se les obligaba a hacer “la puta mili”,  a los que se les fue sumando apoyos de familiares madres, padres, amigos y amigas organizados en grupos comprometidos con la causa de estos jóvenes. Y por otro lado, estaba el poder representado por toda una institución  con siglos de historia y de dominación en este país como es la institución militar apoyado por el gobierno de turno, socialista o popular que estuviera en ese momento.

Fue el Movimiento de Objeción de Conciencia -MOC- el colectivo que mayor protagonismo alcanzó en esta lucha social noviolenta. Sus orígenes se remontan unos años antes en 1977  donde se sitúa su bautismo de forma más o menos formal en su declaración ideológica en Landa (Álava), pero la semilla de este colectivo se sitúa  en 1971, en la figura de Pepe Beunza, considerado el padre del antimilitarismo español. Fue la primera persona en España que dijo NO al servicio militar obligatorio de forma pública, colectiva, noviolenta y alegando motivos políticos.

Desde entonces la respuesta del poder fue y ha sido la represión. A Pepe Beunza lo arrastraron por 10 prisiones, en la época franquista, durante casi tres años. Después, en democracia, vinieron más cárceles, aplicando a los insumisos la famosa condena de 2 años 4 meses y 1 día de prisión. Llegó un momento en que tener a los insumisos en la cárcel cada vez al gobierno de turno le suponía mucho coste político, un incordio electoral y en 1995 reformaron el código penal para que la represión fuera menos visible pero igual o más dura imponiendo penas de inhabilitación para trabajar en lo público y multas económicas muy cuantiosas, llegando a considerar esta condena como “la muerte civil de los insumisos”, la represión llegó hasta casi el final de la abolición de la mili, volviendo a consejos de guerra y a penas de prisión militar para algún insumiso que desobedeció al ejército en sus propios cuarteles.

Toda esta lucha supuso mucho esfuerzo y muchos costes personales y familiares, momentos de mucha dureza física, emocional, muchas energías puestas al servicio de una lucha que merecía la pena por el bien común que se conseguía: la eliminación del servicio militar obligatorio.

La campaña de insumisión evidenció que cuando hay un ideal que te mueve da igual lo que tengas en frente que no hay represión que lo pare. Y así se comprobó. Desde su lanzamiento en 1989, esta campaña no paró de aglutinar apoyos, solidaridades desde todos los rincones y estamentos sociales. Desde Jueces que se negaban a juzgar a insumisos hasta famosos que se autoinculpaban, hasta asociaciones que simpatizaban con su lucha y ciudadanos que sin tener la obligación de pasar por el cuartel se solidarizaban con la causa de estos jóvenes y se organizaban para apoyar “a su insumiso”  vecino de su barrio o de su ciudad.

Se llegó a alcanzar la cifra de 20.000 insumisos y más de 160.000 objetores de conciencia.

Esta lucha social llevó a que el 31 diciembre del 2001 el gorbierno del PP no tuviera otra alternativa y anunciara la supresión del Servicio Militar Obligatorio tras más de 200 años de existencia.

Tras 25 años lo suyo es poner de ejemplo su legado y resaltar esta lucha social por su ideal: conseguir un mundo sin ejércitos y sin militarismo y por su resultado exitoso. Ahí queda un muestrario de lo conseguido:

  • Una gran victoria de la ciudadanía: la de abolir una institución de más de 200 años de existencia y tan violenta como fue el servicio militar obligatorio.
  • Incrementó la conciencia social antibélica en la sociedad española: como muestra las movilizaciones contra la guerra irak que vinieron después.
  • Un incremento notable del rechazo a los gastos del dinero público en asuntos militares como muestran año tras año las encuestas de opinión del CIS.
  • Como vemos en la actualidad cada vez más la ciudadanía participa más allá del voto cada 4 años y usa la desobediencia civil como herramienta de lucha social noviolenta para sus legítimas reivindicaciones sociales.
  • Cada vez más está mal visto por la ciudadanía que sean los ejércitos quienes vayan a llevar la paz y la democracia a otros lugares porque se les ve más como causantes del problema que como elementos de resolución.
  • Cada vez más la ciudadanía se cuestiona de qué nos tenemos que defender y cómo nos tenemos que defender. Si los ejércitos nos sirven  para defendernos o más bien no.
  • Vemos que aunque nos quieran vender la moto que hacerse soldado “mola mazo” podemos comprobar como año tras año el ejército español tiene muchas dificultades para mantener su estructura y van perdiendo adictos a pesar de seguir gastando miles de dinero público en publicidad para captar a jóvenes de forma infructuosa.

Como dice Jorge Urdanoz en su artículo insumisos, la batalla por un ideal: “[…] no se trataba sólo de ser justos en la lucha, se trataba de luchar por algo que era eminentemente justo. La abolición de los ejércitos, la concordia universal, la educación por la paz, el desarme… todo era posible y todo había que intentarlo”. 

La insumisión nos enseñó a tener y a luchar por unos ideales de forma organizada, colectiva, pública y noviolenta. Sus resultados ahí están: exitosos, efectivos y transformadores. La insumisión, los insumisos, la ciudadanía terminó ganando una batalla que todo el mundo daba por perdida. Ahora toca celebrar sus 25 años y a seguir desobedeciendo otros tantos.

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